La semana pasada hemos conocido el escándalo de las ‘Black Card’ de Caja de Madrid y Bankia. No ha sido nada nuevo. Bien es verdad que nos hemos vuelto a sonrojar una vez más, pero, en el fondo ha sido otro episodio para alimentar el rubor colectivo, el asco por la degeneración que ya se hace perpetua, sin que se produzca más novedad que algunas inmediatas dimisiones y el desprecio general ante lo injustificable.
Aunque eso sí, todavía algunos de los usufructuarios de las referidas se atreven a sentirse desconocedores del sentido depredador de lo ajeno intrínseco al uso de la maquinita para derrochar en su particular hoguera de las vanidades. Molestos y dolidos, se muestran dispuestos a devolver el dinero, pero no nos dicen por qué no fueron tan diligentes para oponerse a los atropellos que autorizaban con su voto en los consejos a que asistían y que llevaron a la ruina a Caja de Madrid y a miles de humildes preferentistas.
Lo paradigmático de este lance es que en él está representada toda la casta, casposa ella mas que les duela: grandes ejecutivos de lo público con sueldos escandalosos, altos representantes de partidos, sindicatos, patronal y hasta vinculados a la casa real, amigotes, ex políticos de alcurnia, socias de las cónyuges, cuñados y cuñadas, reos, predicadores del austericidio en los púlpitos de la TDT, medradores y cazadores de mamandurrias de todo género. Todo un séquito insaciable de palmeros y certificadores callados de la depredación que los jerarcas ejercían.
Aunque eso sí, todavía algunos de los usufructuarios de las referidas se atreven a sentirse desconocedores del sentido depredador de lo ajeno intrínseco al uso de la maquinita para derrochar en su particular hoguera de las vanidades. Molestos y dolidos, se muestran dispuestos a devolver el dinero, pero no nos dicen por qué no fueron tan diligentes para oponerse a los atropellos que autorizaban con su voto en los consejos a que asistían y que llevaron a la ruina a Caja de Madrid y a miles de humildes preferentistas.
Lo paradigmático de este lance es que en él está representada toda la casta, casposa ella mas que les duela: grandes ejecutivos de lo público con sueldos escandalosos, altos representantes de partidos, sindicatos, patronal y hasta vinculados a la casa real, amigotes, ex políticos de alcurnia, socias de las cónyuges, cuñados y cuñadas, reos, predicadores del austericidio en los púlpitos de la TDT, medradores y cazadores de mamandurrias de todo género. Todo un séquito insaciable de palmeros y certificadores callados de la depredación que los jerarcas ejercían.