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viernes, 10 de marzo de 2017

Daños colaterales

Existe una creciente y sibilina penetración intelectual de pseudomensajes inquisitoriales que no reparan en criminalizar de forma implacable a todo lo que se menea, si es que ello no concuerda con el pensamiento único al que cada uno se aferra. Ya no son los mensajes del miedo procedentes de los centros de poder, ya los fabrican ellos mismos o contribuyen, como un ejército clandestino refugiado en el anonimato, a arrasar al señalado emitiendo condenas inapelables. Para ello han hallado en WhatsApp, Twitter, Facebook y demás redes sociales una guillotina implacable que produce daños colaterales imprevisibles.

viernes, 22 de abril de 2016

Afeitado apurado

Youtube fue creado en el año 2005 por tres antiguos empleados de PayPal y, al año siguiente, fue adquirido por Google Inc. por la no despreciable cifra de 1.650 millones de dólares. En sólo 10 años se ha convertido en el mayor archivo audiovisual que jamás pudo imaginarse (en 2006 la revista Time le  otorgó el premio al «Invento del año»). Como todos los avances tecnológicos de la era de Internet sorprende más su capacidad de difusión que la tecnología misma. Es difícil cuantificar las dimensiones que ha adquirido este enorme archivo de contenidos multimedia desde  que sus creadores subieran el primer vídeo (‘Me at the zoo’), pero lo cierto es que Youtube ha contribuido a la democratización de la difusión  de creaciones audiovisuales así como del acceso a joyas cinematográficas inaccesibles de otra manera.

Gracias a esta capacidad del gigante del streaming, me he dado de bruces con un sobrecogedor cortometraje del inefable Martin Scorsese: ‘The Big Shave’, traducido al español como “El gran afeitado” o “Afeitado apurado” (1967)


martes, 9 de junio de 2015

La magia inagotable del celuloide

Debieran ser las siete de la tarde pasadas cuando Amador, enfundado en un primoroso abrigo de paño marrón y bufanda de lana verde oliva, traspasó el umbral de la puerta de su casa para emprender aquella insólita aventura que el tiempo se encargaría de fijar en su caprichosa memoria. Mientras ascendía por el firme empedrado de la calle de la Fuente, presentía el acecho de miradas desde las tiendas de ultramarinos que la flanqueaban a la vez que inspiraba el fuerte olor a tinaja que salía del viejo bodegón de la esquina de más arriba. Escuchaba el piar vespertino que volaba desde las jaulas de los pájaros cautivos en la fachada de la barbería de enfrente antes de enfilar la enorme plaza del Ayuntamiento repleta de bares, confiterías y casinos con cierto aire de decadencia contenida. Y al fondo, antes de encarar la calle Real, la cartelera de soldados en combate descarnado que anunciaba el caos del escenario infernal que en poco rato abstraería sus ojos inocentes. Un tibio sudor asomó, entonces, por su cuello enfundado en  aquella franela inmaculada y él apretó el paso que, por un instante, había perdido su firmeza.


domingo, 6 de octubre de 2013

Gato Barbieri y el último tango en París

Han pasado más de 40 años desde que Bernardo Bertolucci nos sorprendiera con un filme, El último tango en París (1972), para muchos desconcertante y provocador, para otros voluptuoso y desgarrado. Con solo 32 años, Bertolucci dirigió en esta cinta a un maduro Marlon Brando (Paul), por cuya interpretación conseguiría su séptima nominación a los Óscar como mejor actor (1974), y a una frágil y veinteañera Maria Schneider (Jeanne), quien, sin embargo, quedaría artística y emocionalmente marcada para el resto de su gris carrera cinematográfica. El reparto principal se completaría con la fugaz participación de Jean-Pierre Léaud, en un guiño del director italiano a la Nouvelle Vague francesa. Véase la excelente reseña crítica de Eva Cortés en la revista Encadenados.