viernes, 10 de marzo de 2017

Daños colaterales

Existe una creciente y sibilina penetración intelectual de pseudomensajes inquisitoriales que no reparan en criminalizar de forma implacable a todo lo que se menea, si es que ello no concuerda con el pensamiento único al que cada uno se aferra. Ya no son los mensajes del miedo procedentes de los centros de poder, ya los fabrican ellos mismos o contribuyen, como un ejército clandestino refugiado en el anonimato, a arrasar al señalado emitiendo condenas inapelables. Para ello han hallado en WhatsApp, Twitter, Facebook y demás redes sociales una guillotina implacable que produce daños colaterales imprevisibles.


El pasado fin de semana se estrenó “El guardián invisible”, un thriller, dirigido por Fernando González Molina, basado en la novela homónima de Dolores Redondo, brillante novelista premiada en 2016 con el Premio Planeta. Se trata de una coproducción hispano-alemana (Nostromo Pictures, Atresmedia cine, ZDF) con un presupuesto en torno a los cinco millones de euros. Hasta aquí todo de lo más natural en una industria (276 productoras nacionales en 2014, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte) que sobrevive en nuestro país a trancas y barrancas.

Pero resulta que, coincidiendo con el estreno, se ha difundido el contenido del espacio “Euskalduna naiz, eta Zu” (Soy vasco, y usted), que fue emitido el pasado 8 de febrero en el canal de TV vasco ETB, y donde la actriz Miren Gaztañaga, al unísono con otros supuestos intelectuales y artistas, se emplearon, en un tono de humor zafio, chabacano, vulgar, ramplón, ofensivo…, con descalificativos hacia los españoles (“fachas”, “paletos”, “chonis”, “atrasados”, “catetos” e “ignorantes”), hacia la bandera nacional e incluso la selección española de fútbol. Absolutamente despreciable la intolerante falta de respeto de quienes se les supone otra altura intelectual.

Han llovido consignas en mi móvil animando/exigiendo el boicot total del film, me han llegado a WhatsApp memes, cuyos autores destripan la película, insultan y derraman odio. Durante días se han comportado como auténticos replicantes, cazadores implacables, burdos emuladores de aquellos que  Ridley Scott recreara en su legendaria Blade Runner (1982), pero que, como Nexus-6, carecen de empatía y del más elemental sentido común propio del ser humano. Todos unidos en su cruzada, en esa reedición de la caza de brujas,  de un macartismo a la española que ya golpeó a otros en meses anteriores.

De Twitter

Miren Gaztañaga, actriz con un papel secundario en la película, ya está condenada por bastante tiempo. Hasta el propio equipo de la película la ha repudiado, aterrorizado por los fulminantes peligros de la campaña. ¡A ver quién la contrata ahora! No han bastado sus disculpas, ya está pagando su culpa.

¿Y los verdugos? ¿Han reparado en los daños colaterales que ocasionan cada vez que participan en este macabro juego? Es bueno saber que en esta película, como en todas, participan muchísimos profesionales. En ésta, 155 con intervención directa (véase su ficha en la base de datos IMDB —Internet Movie Database—): director, guionistas, actores, equipo de producción, músicos, fotógrafos, montadores, equipo de casting, directores de arte, maquilladores, asistentes de dirección, carpinteros, grafistas, operadores de sonido, especialistas de efectos especiales, diseñadores de efectos digitales, actores de doblaje, conductores, gruistas, operadores de cámara, técnicos de postproducción, asistentes de producción,  mezcladores de sonido, scripts… Además, podríamos añadir a la lista de fustigados muchos más: distribuidores, exhibidores, publicistas, taquilleros, porteros, acomodadores, vendedores de palomitas, encargados de la limpieza de las salas… A todos los han metido en el saco.

Viñeta tomada de la revista Magnolia

Sin entrar en el interés intrínseco por la película, eso lo dejamos para los críticos de cine, como espectador se puede ir o no ir a verla. Y basta. Igual que una obra de teatro, o un concierto, o ir a ver al Real Madrid, o a la plaza de toros.  Pero lo otro no es correcto. El cine es una industria más de nuestro país, por cierto, bastante mimada en los países de nuestro entorno. Imaginen que a alguien le diera por tomarla con el sector turístico, o el del aceite, o el de la fabricación de coches o cualquier otro. Por cierto, casi todos reciben también subvenciones u otras ayudas y estímulos (como debe ser). Acabemos y paremos de una vez esta macabra broma.
* * *
A.J.G.G.

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